La antibioterapia ha sido uno de los factores clave en la mejora del pronóstico de la Fibrosis Quística, ya que permite tratar tanto la infección bronquial crónica como las exacerbaciones infecciosas.
En estos personas con FQ, el organismo presenta cambios que afectan a la distribución de ciertos fármacos, especialmente los hidrofílicos como los aminoglucósidos y las cefalosporinas.
Debido a la malnutrición y la pérdida de tejido adiposo, así como a un aclaramiento renal más rápido, es necesario ajustar las dosis para alcanzar niveles eficaces en las secreciones bronquiales.
Un tratamiento adecuado y bien ajustado es fundamental para controlar la infección y proteger la función pulmonar.



